Reseña: Amín Miceli y la mácula de la inocencia

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Amín Miceli y la mácula de la inocencia.

Oscar Palacios

La literatura nos lleva a comprender a la ficción como un instrumento para describir la realidad. La ficción, necesariamente, debe ser creíble. No importa el tema, lo que importa es que ese tema tenga los elementos indiscutibles de lo que conocemos como real: nuestra cotidianidad y el entorno que nos rodea.

Es así como Amín Miceli nos entrega un nuevo material literario que da cuenta de la madurez alcanzada. Con anteriores textos: “Tierra de nadie” y “Shalo”, ya despuntaba su habilidosa pluma, llena de imágenes en el que se entrecruzan los claroscuros del alma y la crítica a la realidad social imperante y exasperante.

En “Mácula”, Amín MIceli se describe como un narrador sólido. Esos pueblos nuestros con su cura, el capataz, el cacique, un alemán advenedizo y atrabiliario, mujeres que arden del amanecer al anochecer, y entre ese remedo de Babilonia, un joven anhelante de un amor que sabemos inalcanzable. Encontramos también en la novela una ornamentación compleja cuyo inherente bullicio provoca la irrupción constante de una realidad caleidoscópica. La sexualidad explícita, la sensualidad arrinconada y el erotismo apabullante se contraponen a esa búsqueda de la realización personal que encuentra diversos obstáculos.

En cuarenta y un capítulos la acción transcurre de un pueblo imaginario a la capital del país. El anhelo de muchos mexicanos de, a falta de un título nobiliario, lograr un título profesional que les permita crecer socialmente, como Idelfonso—Poncho__ que de carnicero se convierte en médico . ¿Ironía?


Amín Miceli pinta un mundo nocturno lleno de sordidez, como debe ser, el mundo donde la carne femenina se compra y se vende. Donde los padrotes discurren con su sensiblería para manipular a las mujeres disminuidas por la insensibilidad social. Todo eso con una pluma sin concesiones. Todos los personajes de Miceli que viven una deslocalización externa o interna, son un fragmento de paisaje de sus raíces.

Acertada es la transtextualidad del bello bolero de José Antonio Zorrilla “Monis” y Gabriel Ruíz: Usted. Un medio discreto y original para anunciar el tiempo del desfogue del placer carnal

Para finalizar, solo diré: enhorabuena Amín… y si quieren saber por qué le puse como título “Amín Miceli y la mácula de la inocencia”, tendrán que leerlo.

 

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